Este jueves, SpaceX realizó un nuevo lanzamiento fallido: la gigantesca nave Starship, que despegó desde una base instalada en el estado de Texas, estalló a los pocos minutos y sus restos cayeron precipitadamente.
El cohete de 123 metros de altura despegó aparentemente sin problemas, pero a los pocos minutos se perdió contacto con él y lo que se suponía sería un descenso controlado terminó con restos precipitándose cerca de República Dominicana y las Bahamas.
Según se indicó, los motores de la nave espacial comenzaron a apagarse mientras se dirigía hacia el Este, para lo que se suponía una entrada controlada sobre el océano Índico, pero se perdió el contacto mientras la nave giraba sin de control.
El vuelo, que debía durar una hora, obviamente no pudo liberar los satélites simulados, como estaba planeado, ya que alcanzó casi 150 kilómetros de altitud antes de que aparecieran los problemas y terminará explotando.
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