Según los últimos reportes publicados, ya son más de dos mil los muertos por el terremoto producido días atrás en Birmania y Tailandia. En el primero de estos países ya perdieron la vida 2.065 personas, mientras que en el segundo unos 19. Además, hay más de 3.900 heridos y 270 personas siguen desaparecidas.
Las autoridades birmanas declararon una semana de luto nacional y sus banderas ondearán a media asta “en señal de compasión por la pérdida de vidas y los daños causados por el violentísimo terremoto”, por el colapso de edificios, puentes y rutas en el centro del país.
Los expertos temen que haya muchos más muertos, a pesar de la movilización de la comunidad internacional para acudir en ayuda de Birmania, diezmado por la guerra civil tras el golpe militar de 2021, por lo que carece de recursos para hacer frente a la magnitud de los daños.
En Mandalay, la segunda ciudad de Birmania, los esfuerzos de rescate bajaron de intensidad en medio de condiciones difíciles y con temperaturas cercanas a los 40 ºC. El fuerte calor acelera la descomposición de cuerpos, lo cual podría complicar su identificación. Sumado a esto, las labores de socorro se ven obstaculizadas aún más por cortes de electricidad, escasez de combustible y comunicaciones deficientes.
El movimiento telúrico, el más fuerte en décadas en Birmania, provocó escenas de caos a 1.000 kilómetros del epicentro, como la capital tailandesa Bangkok. Allí, fue noticia el derrumbe de una torre de 30 plantas en construcción. En esta ciudad siguen las operaciones para hallar sobrevivientes. La mayoría de los fallecidos en la torre colapsada eran trabajadores y gran parte de los desaparecidos habrían quedado atrapados bajo el cúmulo de escombros.
Las autoridades desplegaron escáneres y perros rastreadores en el lugar y el vicegobernador de la capital tailandesa, Tavida Kamolvej, afirmó que los rescatistas trabajan de manera urgente para acceder a una zona donde detectaron señales de vida.
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