River y un gol en el desierto entre la arena del Monumental
Como ocurre al menos dos veces al año, los partidos que River juega 72 o 96 horas antes del superclásico, por lo general por competencias sudamericanas, suelen ser contra dos equipos: contra el rival que está en el campo de juego -Carabobo anoche- y contra el que está en la mente -Boca-.
Apretado, con suplentes y mirando el reloj, el equipo de Eduardo Coudet ganó anoche uno de esos dos partidos superpuestos, ante los venezolanos por la Sudamericana, pero a la vez dejó abierta una duda para el superclásico: tras 90 minutos en los que dio un paso para atrás en el juego, sufrió además la lesión evitable de Fausto Vera, titular contra Carabobo por una decisión muy arriesgada -y por lo tanto equivocada- del técnico.
Si Boca llegará al Monumental con un mediocampo muy aceitado, River se quedó demasiado corto en una zona donde las únicas fortalezas son -o eran- Vera y Aníbal Moreno. Uno pasó a estar en seria duda para el domingo y el otro terminó jugando casi 80 minutos cuando se suponía que debía descansar tras una superposición de partidos.
Se entiende que Coudet no confía en el resto de los mediocampistas centrales pero, con Ian Subiabre en nivel subterráneo y Tomás Galván sin demasiado vuelo, cabe preguntarse si el 1-0 de anoche no puede haberse convertido en una victoria pírrica. O, tal vez, en el punto de partida para un cambio táctico: ¿Chacho apostará por el 5-3-2 ante Boca? El domingo se sabrá.
River venció a Carabobo: reviví lo mejor del partido

Aun con muchos suplentes, la victoria ante Carabobo ratificó que este River luce mucho más en los números que en el fútbol: ganó seis de siete partidos -el otro lo empató- y en pocos de ellos pasó sobresaltos, pero nadie puede hablar de un equipo de buen juego. Los hinchas más duchos lo comparan con el equipo de Mostaza Merlo en 1989.Fue una noche fea en todo sentido, incluso desde lo estético: la producción de AC/DC habría colocado sobre el césped grúas con mayor peso del estipulado en el contrato y el campo de juego se convirtió en el principal obstáculo para el propio equipo de Coudet. Se entiende la importancia del ingreso económico de los recitales pero con semejante costo se convierte en un mal negocio: River primero es fútbol.
Entre tanta arena sobre el césped, la jugada de Kendry Páez y la definición de Sebastián Driussi fue un gol en el desierto: River jugó tan mal que ni siquiera merecía el 1-0, un triunfo que tampoco debe ser desdeñado tras un 2025 pésimo pero que dejó un sabor a pan duro por el mal funcionamiento y la lesión de Vera, una posible ausencia de peso para el domingo contra Boca, el partido que River también ya jugó anoche.
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